Sobre el Autor

Boaz Sobrado es un analista de datos y el fundador de WhyNotCuba.com, un sitio de turismo cubano. Las opiniones expresadas aquí son suyas y no necesariamente reflejan las de Decrypt.

Cuba está teniendo uno de sus peores años, pero como consecuencia, se está gestando una tormenta perfecta en la nación isleña en lo que respecta a la adopción de Bitcoin.

Los cubanos viven bajo un alto nivel de censura financiera, así como una inflación rampante. Mientras tanto, su acceso a las divisas extranjeras se ha visto fuertemente restringido este año debido a COVID y a las sanciones de los Estados Unidos. Esto ha aumentado el atractivo de las criptomonedas, muchas de las cuales actúan como almacenes de valor resistentes a la censura.

La utilidad de la tecnología resistente a la censura puede no estar clara para las personas que viven en economías avanzadas, pero está perfectamente clara para los cubanos. Cuba es un país donde la gente vive bajo una opresiva censura financiera. Esto se debe en parte al gobierno comunista, que tiene reglas estrictas sobre cómo pueden operar los negocios privados y lo que la gente puede hacer con su dinero.

Pero también se debe a la censura impuesta por el embargo americano, que hace casi imposible para los cubanos comunes hacer transacciones internacionales. Recientemente la administración Trump anunció medidas que obligaron a Western Union a cesar sus operaciones en Cuba en este mes, haciendo casi imposible que millones de cubano americanos envíen remesas a su país.

Esta medida llega en el peor momento posible.

Se espera que la economía cubana se contraiga en un 8% en 2020, sobre la base de un ya débil desempeño en 2019. El COVID-19 ha hecho mella en dos importantes industrias: el turismo y las remesas. El aeropuerto de La Habana estuvo cerrado de marzo a noviembre. Los flujos de remesas de los EE.UU. a Cuba cayeron aproximadamente un 50%, de 6.000 millones de dólares en 2019 a 3.000 millones en 2020.

Además, los intentos de reforma del gobierno están llevando a las primeras etapas de la hiperinflación. Los precios de los alimentos han subido varios múltiplos en este año y el peso cubano ha perdido la mitad de su valor frente al dólar americano en los últimos 12 meses en los mercados informales.

En la década de 1990, cuando la inflación era rampante en Cuba, los cubanos que buscaban preservar el valor de sus ahorros se volcaron a las monedas extranjeras como el dólar de EE.UU. Sin embargo, el COVID-19 ha destruido efectivamente el turismo, que era una de las principales fuentes de divisas para la población.

Ahora tenemos una situación en la que muchos cubanos buscan una forma de recibir dinero del extranjero y de preservar el valor de sus ahorros. Y cada vez más se están volcando hacia las criptomonedas. La popularidad de Bitcoin en Google Trends está en su punto más alto. Nuevos servicios como Bitremesas facilitan a los cubano-americanos el envío de dinero a casa usando criptodivisas.

El comercio funciona de la siguiente manera: Los cubano-americanos compran Bitcoin en los EE.UU. y lo venden por dinero en efectivo en Cuba. De esta manera pueden ayudar a sus amigos y familiares a pagar las facturas y comprar comida. En el otro lado de la transacción están los cubanos que compran Bitcoin porque buscan especular, preservar su riqueza o hacer transacciones con el mundo exterior. La mayoría de los cubanos preferirían conservar los dólares americanos, ya sea digitales o físicos, como hacen muchos venezolanos.

Pero a menudo la realidad es que difícilmente pueden acceder a ellos, e incluso si lo hacen, tienen que ser constantemente cautelosos de que sus fondos sean confiscados, ya sea por las autoridades nacionales en el caso de los billetes de dólar físicos, o por instituciones financieras extranjeras que sobrecumplen con las sanciones de EE.UU.

Por estas razones puede ser una gran ironía del siglo XXI que uno de los primeros países con una adopción generalizada de Bitcoin y otras criptodivisas sea un país comunista donde el coche medio es más viejo que la persona media.

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